YVETTE Y LAS ARAÑAS
Eliges un mapa y una fotografía y empiezas a repasar una historia que ya ha comenzado a correr. De un pueblo a otro se llega conduciendo un automóvil, de una vida a otra se avanza a través de los recuerdos. ¿Te acuerdas de aquellos días cuando el sol y la lluvia sólo eran circunstancias y las olas del mar en los atardeceres la más completa de las trivialidades? ¿No te dicen hoy nada las promesas de amor de un cabaret eterno que sólo necesitaba de la oscuridad y un par o dos de copas para estallar de dicha? Y esa chica y la otra y la que se entretuvo en quitarte la vergüenza a base de mordisquitos ¿recuerdas cómo eran? ¿Te dicen algo los nombres de las flores? ¿Te has vuelto evanescente? ¿Recuerdas estos nombres: Susan, Yvette, Noelia?.
En la habitación, medio en penumbra, devuelves el atlas al estante de la librería y te asomas a la ventana para ver a la luz de la luna brillar como una bruja -entre lo negro- conjurando a los gatos. Víctima de la tiranía del olvido, sabes que sólo va a merecer la pena entregarle el corazón al futuro y esperar que sea otro futuro -nuevo- el que te lo despedace.
Has elegido una ciudad, un país, otro lugar distinto. Partirás hacia él con tu sonrisa y tu desazón expuestas, con tus fobias y tus predilecciones. Con tu vida gastada. Llevando a cuestas la civilización de la memoria, cuyo derrumbe sigue y sigue. Con tu vida ignorada. Las carreteras te brindarán audacia y alegría, te regalarán velocidad. Y de la sensación de saberte un prófugo obtendrás la dicha y el sosiego imprescindibles para el sueño. La verdad suficiente para que la rutina y la amenaza de las tardes a solas no horaden las ganas de filosofar y echar un polvo que todavía te quedan, las ganas de escuchar una canción que no sea horrible y las de acariciar un cuerpo femenino apabullante.
En el equipaje hablas de meter, además de la vida, esencia de esperanza y nueve mudas de melancolía; un tratado de etiqueta y cientos de miles de abrazos para que todavía te quiera Yvette. Para que continúe besándote hasta el amanecer, otra vez más, en el pico extraviado de la almohada. Y tú... otra vez más, intentando adorarla.
10 comentarios
Bluff, creeme si te aseguro que te he cobrado aprecio desde aquella casi lejanas disputas monarquico-republicanas, así que no te tomes este comentario como una andanada contra alguién que deteste, tipo "Perpellejo" para entendernos.
A mi juicio, vaya también eso por delante, tienes un grave problema de "tempo" en lo que escribes, a ver si me explico, dos puntos:
¿Tú crees viable soportar esa metafórica y epitética forma de escribir en una entrega larga, pongamos novela, pongamos relato, incluso cuento breve (¿ese sería tu empeño?). Yo creo que no. Ahora bien, si se trata de poemas, como los famosos en prosa de Baudelaire, entonces están demasiado hinchados y poco desnudos, los nervios perdidos entre la grasa. O sea, si es relato, falso diario o lo que sea es demasiado liricopeñazo, y si es poema libre, demasiado poco trabajado para destacar lo esencial.
Creeme que intento ser constructivo y no desanimarte, pero me pareces mucho más agudo a veces cuando intervienes en otros blogs que cuando creas estos posts para mi frustrados.
Un abrazo, Bluff (por cierto, nadie puede conocer a Noelia, Susan, etc. ten cuidado al elegir los nombres: son importantes, como todo)
Estimado Lansky,
De acuerdo con lo que dices. Ahora bien...
Cuando escribo novela, no escribo así. Cuando participo en los debates de los blogs, tampoco escribo así. Sucede, sólo, que el "Clavadista Solitario" es un tipo meláncolico y un tanto introspectivo y a él le sale decir esa clase cosas. Al muchacho, a veces, le falta "flow".
¿Y que podría hacer yo con él, si sé, y me consta, que el pobre se deja a veces los cuernos con tal de darme un poco de vidilla?, ¿cargármelo, como proponía Cris?. No; me pasa lo mismo que a ti, que le he cobrado aprecio.
Incluso, si me apuran, lo caracterizaría al hombre como un estilista, un postromántico.
Y... no eches en saco roto este dato, Lansky, a mi el estilo de Edmund White, de la primera obra de Villena, me va un montón. ¡Literatura!.
Aprecio -en cualquier caso- tus más que cariñosos consejos. Responden punto por punto a la verdad. Bluff.
El estilo, Bluff, es otra cosa, casi casi, lo contrario: aquello que no se hace notar, pero se nota si falta. De todas fomas, ahora entiendo algo mejor: ¡te gustaba el primer Villena! A mí, no.
A mi me ha gustado este relato. Creo que reflejas bien la sensación de melancolía.
Por lo demás, una compañera del colegio de mi hija se llama Noelia.
Luca un abrazo
Desespera estar siempre explicando lo evidente. Lo que genera improbabilidad y por lo tanto, falta de verosimilitud es la secuencia: Ivette, Noelia, Susan. Parece la colección de las próximas navidades de las muñecas de Famosa. Tendría que haber una Carmen o una Ana por ahí ¿Estamos? Y hay que ser osado para escribir "cabaret eterno que sólo necesita oscuridad"; oscuridad, condones, terciopelo rojo, una copa, osadía y tantas cosas, si a eso vamos.
Cuídame de los halagos que de las críticas aún puedo aprender
Hola!
'N' fecto, me gustaba el primer Villena ¡¡con un par!!.
El estilo. No sé exactamente lo qué es. Sí sé que no escribo de manera parecida absolutamente a ninguno de los autores que conozco. A lo mejor en lugar de a lucir un estilo, a lo que me dedico es al collage. Eso ya no lo sé.
Ser agudo. ¿El nombre de un sólo escritor español contemporáneo que escriba con agudeza?. Cuando se me ocurran unas ideas tan buenas como a Julian Barnes (un imposible) igual me arriesgo a intentarlo. De momento, no.
Un inciso, lo de Olmos me parece que está bastante, bastante, bien. Y algunos de sus post me parecen, ya, directamente genialidades.
Los nombres de las chicas. Si eres inglesa, llamarte Susan no es tan raro y si eres belga llamarte Yvette, tampoco. Y lo cierto es que ligar con españolas siempre me ha costado un huevo. El restante nombre, el de Noelia, ese es inventado; lo reconozco, "mea culpa".
Bluff.
este debate sí lo entendí, ja! también pensé en Baudelaire en algún momento... qué ganas de ver algo así pero moderno.
Lo que encontré de White me atrajo mucho, hoy veré si lo encuentro en la librería.
Bluff... eso de "intentando adorarla", me pareció tan misterioso, no lo entendí, puedo preguntar qué quieres decir ahí?
OK, Cris
Y aprovecho también para explicar lo del "cabaret eterno" que a Lansky parece haberle chocado tanto. ¡Cómo me gusta largar, madre mía!. No, en realidad, lo que me priva es escribir.
El "cabaret eterno" del relato son las "discos" de costa de finales 70/ primeros ochenta. Y para ponerme como una moto necesitaba también además de la oscuridad -y así lo digo en el texto- hasta dos pares de copas, esto es CUATRO COPAS, CUATRO. Con cuatro copas encima, en una de aquellas discotecas, rodeado de preciosidades, le puedo asegurar a Lansky, y a quien quiera que me pregunte, que lo de "estallar de dicha" no entraña ninguna hipérbole. Me ocurría. Y le ocurría a cualquiera. De la "noche" sé bastantes cosas.
"Intentando adorarla". Implica: por un lado, la sensación que siento a veces de que lo que tal vez provoque que mis romances se frustren es el no saber ¿o no poder? darles a ellas tanto como recibo de ellas. Y, por otro, mi propósito permanente y sincero por conseguir que eso cambie algún día.
Jodeeer, soy como una folklorica. ¡Vale con que vosotros pretendáis arrebatarle todos los secretos a mi corazón, pero... qué yo me deje!. Bluff.
gracias, ahora entiendo. es consecuente con el clavadista. Y ahora me queda claro porqué me irrita y me atrae al mismo tiempo.
Precisamente estoy tratando de tener un romance, sin frustrarme, sin terminarlo por razones que tengan que ver con el hecho de que no me dan lo que quiero. Seguro que esto tiene un nombre. Lansky?
There you go Bluff, un pedacito de mi corazón para que estemos iguales.
Cris, se llama, creo, "Seguro de accidentes"
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